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← Sobre el fideicomiso

La fundadora

Dolores Salvador de Lafuente

Educadora cubana · Camagüey, Cuba · 1 de abril de 1887 – 11 de octubre de 1943

Dolores Salvador de Lafuente fue una educadora cubana, hija de Marcelina Méndez Correoso y de Federico Salvador Arias. Su padre, extraordinariamente adelantado a su tiempo, creía firmemente que tanto los hombres como las mujeres debían recibir una educación de excelencia y que el dominio de otros idiomas era parte esencial de esa formación. Con ese propósito envió a sus hijos mayores a estudiar en la región francófona de Canadá, donde pudieron adquirir una sólida educación y aprender francés e inglés. Para sus hijas eligió la escuela dirigida en La Habana por María Luisa Dolz, una de las más destacadas educadoras cubanas de su época, pionera en la defensa de una educación de igual nivel para mujeres y hombres, en la que las ciencias y los idiomas ocupaban un lugar fundamental.

Dolores, cariñosamente llamada Lola o Lolita, llegó inicialmente con una preparación inferior a la de muchas de sus compañeras. Sin embargo, gracias a su inteligencia, perseverancia y extraordinaria capacidad de trabajo, ganó muy pronto el afecto y la admiración de María Luisa Dolz, quien le dedicó atención personal hasta verla no solo alcanzar el nivel de su clase, sino graduarse como la mejor alumna de su promoción. Años después, al decidir retirarse de la dirección de su prestigiosa escuela, María Luisa Dolz le ofreció a Lola sucederla en ese cargo. Fue una decisión profundamente difícil. Aceptar aquel ofrecimiento le habría abierto la posibilidad de desarrollar una intensa vida intelectual y artística en La Habana junto a su esposo, Medardo Lafuente —poeta, periodista y educador—. Sin embargo, Dolores eligió regresar a la Quinta Simoni, la finca heredada de su padre en Camagüey, convencida de que aquel entorno ofrecía a sus hijos una infancia y una juventud privilegiadas. Renunció así a una brillante oportunidad profesional en favor de la vida familiar. Cuando años más tarde falleció María Luisa Dolz, Lola le dedicó una sentida y hermosa elegía como expresión de gratitud hacia quien había sido su maestra y mentora.

El profundo sentido de justicia social de Dolores la llevó a comprender que la futura Escuela Normal para Maestros de Camagüey necesitaba formar docentes que representaran también el origen social de los alumnos de las escuelas públicas donde habrían de enseñar. Con ese propósito impulsó la creación de una escuela pública nocturna para mujeres trabajadoras. Diseñó un currículo integrado que les permitiera adquirir una formación sólida y prepararse para el exigente examen público de ingreso a la Escuela Normal, y fue ella misma quien las educó. Cuando se acercó la fecha del examen, las alumnas organizaron diversas actividades para reunir los recursos necesarios y confeccionaron con sus propias manos los uniformes que vestirían ese día. La hija mayor de Dolores y Medardo, Virginia Lafuente —quien con el tiempo llegaría a ser profesora de la propia Escuela Normal de Camagüey y posteriormente de la Escuela Normal No. 1 de La Habana— decidió presentarse con un uniforme idéntico al de las demás aspirantes, como gesto de solidaridad y respeto. Durante buena parte de ese período, Dolores debía guardar reposo absoluto debido a un embarazo de alto riesgo, después de haber perdido unos mellizos en la gestación anterior. Aun así, nunca suspendió las clases: continuó enseñando desde su cama, en la amplia habitación de la Quinta Simoni, convirtiendo aquel espacio familiar en un aula donde la vocación educativa vencía incluso las limitaciones impuestas por la enfermedad.